miércoles, 28 de enero de 2009

Té verde frio con canela

5 o 6 cucharaditas de té verde
1/2 rajita de canela
1 cucharada de miel
1 cucharada de zumo de limón
gotitas de Angostura (eso ¿dónde se consigue?)



Poner en un cazo el agua (quien sabe cuanta), el té y la rajita de canela en trocitos.
Dejar que hierva y colar.
Se añade la miel, el zumo de limón y las 'famosas' gotitas de Angostura a la infusión cuando todavía esté caliente.

Me imagino que hay que echarle unos hielitos después...
Ahora para la primavera, seguro será muy refrescante!!!

martes, 27 de enero de 2009

To the Internet

[the first try]

You can show me anything that crosses my mind, the entire world if I wanted. We're a quite good team: there's always music to share, photos to find, videos to watch and fall in love, interesting stories about people, friends we've in common with the ones we can talk even if we are a thousand kilometer away from each other, stories to learn from them...


I wish I could forget you exist for three months.
I guess that would be enough.


It would mean being like death, though.
It's so hard!

domingo, 25 de enero de 2009

10 years ago

I used to write, poems, stories... now, I only know I have to avoid the phrase: "I can't".



Por ahí ví, se necesita:

Un momento de inspiración, correr por un lápiz y papel. Ignorar a la pena y el miedo. Dejar salir lo que está escondido, comenzar escribiendo el momento con palabras simples y asociaciones locas (eso da el toque). Qué repose unos minutos. Luego dar retoques necesarios.

Y si tiene dedicatoria, regalarlo.

miércoles, 21 de enero de 2009

MARZO DE 2000 - El contribuyente

Quería ir a Marte en el cohete. Bajó a la pista en las primeras horas de la mañana y a través de los alambres les dijo a gritos a los hombres uniformados que quería ir a Marte. Les dijo que pagaba impuestos, que se llamaba Pritchard y que tenía el derecho de ir a Marte. ¿No había nacido allí mismo en Ohio? ¿No era un buen ciudadano?



Entonces, ¿por qué no podía ir a Marte? Los amenazó con los puños y les dijo que quería irse de la Tierra; todas las personas con sentido común querían irse de la Tierra. Antes que pasaran dos años iba a estallar una gran guerra atómica, y él no quería estar en la Tierra en ese entonces. Él y otros miles como él, todos los que tuvieran un poco de sentido común, se irían a Marte. Ya lo iban a ver. Escaparían de las guerras, la censura, el estatismo, el servicio militar, el control gubernamental de esto o aquello, del arte y de la ciencia. ¡Qué se quedaran otros! Les ofrecía la mano derecha, el corazón, la cabeza, por la oportunidad de ir a Marte. ¿Qué había que hacer, qué había que firmar, a quién había que conocer para embarcar en un cohete?

Los hombres de uniforme se rieron de él a través de los alambres. No quería ir a Marte, le dijeron. ¿No sabía que las dos primeras expediciones habían fracasado y que probablemente todos sus hombres habían muerto?

No podían demostrarlo, no podían estar seguros, dijo Pitchard, agarrándose de los alamabres. Era posible que allá arriba hubiera un país de leche y miel*, y que el capitán York y el capitán Williams no hubieran querido regresar. ¿Le abrirían el portón para dejarlo subir al Tercer Cohete Expedicionario, o lo rompería el mismo a puntapiés?

Le dijeron que se callara.

Vio a los hombres que iban hacia el cohete.
- ¡Espérenme! -les gritó-. ¡No me dejen en este mundo terrible! ¡Quiero irme! ¡Va a haber una guerra atómica! ¡No me dejen en la Tierra!

Lo sacaron de allí a rastras. Cerraron de un golpe la portezuela del coche policial y se lo llevaron al alba con la cara pegada a la ventanilla trasera. Poco antes que la sirena del automóvil comenzara a sonar, al acercarse una curva, vio el fuego rojo, y oyó el ruido terrible y sintió la trepidación con que el cohete plateado se elevó abandonándolo en una oridnaria mañana de lunes en el ordinario planeta Tierra.

* ¿no estaría mejor pensar en queso y vino?

martes, 20 de enero de 2009

la arena


“Ya en Dover, Karpus pudo ver por primera vez en varios días un atardecer luminoso. Un cielo suave y despejado daba paso al sol que se internaba tras el mar, como una esfera roja perfectamente delineada que surgiera en los confines de la superficie después del naufragio. Aunque hacía un frío intenso, mientras la carreta avanzaba por las calles se percibía un olor desagradable, pero tibio, y eso daba a Karpus una sensación de alivio y descanso que, unida a la alegría de la gente arremolinada en las aceras que se abría paso hasta las tabernas del puerto, contrastaba con esa terrible melancolía que no podía extraer de su cuerpo.”

Karpus Minthej, J.G.B.

sábado, 17 de enero de 2009

Mamlakat

- Papá, tengo algo que decirte.
Pero no estalles como siempre...

- ¿Qué pasó, mi querida niña?
¿Rompiste otra taza?
- ¡Primero déjame amarrarte las piernas!
- Está bien.
- No te muevas, ahora tus manos.
- ¡Apuesto a que es algo interesante! ¿Perdiste el billete de la loteria? ¿Sí?
- Esta vez es diferente.
Tengo un niñito o una niñita sentado en mi panza.
- ¿Quién está sentado en dónde?
- ¡Espérate!¡Cálmate! ¡No estalles como siempre!

lunes, 12 de enero de 2009